Empiezo el año fuerte, porque tengo claro que los discursos superficiales sobre literatura infantil o recomendar libros solo porque son novedad o simplemente geniales (sin más) no me vale.
Hoy os sirvo un plato calentito y bien sabroso, con la intención de despertar vuestro apetito neuronal jeje. Nos es cosa de ahora que se hable de los álbumes ilustrados como de “Libros para”. Esta tendencia empezó… bueno, no sé deciros realmente cuándo empezó pero sí sé deciros que me encontré muchas veces delante de preguntas como “¿Puedes recomendarme un libro para que mi hijo…?” y seguida por las más variopintas necesidades: deje el pañal, se porte bien, deje de morder a sus compañeors en clase, acepte a su nuevo hermanito… y un largo etcétera.

Del álbum ilustrado: Ponte en mi lugar
Sin duda hay muchos álbumes relacionados con esa exclusiva finalidad: dar indicaciones claves para que todos sepamos como comportarnos frente a determinadas situaciones, tanto en calidad de madre o padre como de hijo o hija.
Así que no tendría dificultad en “recetar” álbumes para los fines solicitados. Otra cosa es que yo sienta que esto es respetar a la infancia y respetar a las personas que me contactan con esas peticiones. Y, spoiler: ¡no lo pienso!
Para explicar el porqué quiero remontarme al 330 a. C., época en la que Aristóteles escribió su Poética.
La Poética de Aristóteles
Aristóteles asienta las bases de la definición del arte y, por ende, de la literatura en este breve escrito. En sus páginas hace referencia a la mímesis: la literatura debe de imitar la vida real para que el lector pueda sentirse identificado con el protagonista o uno de los personajes de la historia (o varios de ellos). Esto es lo que le permite llegar a la catársis: entenderse mejor y evaluar posibilidades de evolución de la situación personal.
Ahora bien, la mimesis y luego la catársis forman parte de un proceso espontáneo, en el que el lector es quien decide desde su brújula interna hacia donde hacer ir su interés, su investigación del yo.

Del álbum ilustrado La alegría de vivir
Ofrecer o Manipular
Si al ofrecerle un libro a nuestr@ hij@ ya estamos apuntando nosotros hacia la dirección en la que tiene que ir su lectura, no solo estamos invalidando el proceso, sino que estamos invalidando a nuestro mismo hijo, desconfiando en su capacidad de “saber leer” que en realidad significa saber leerse adentro.
Todo libro, a no ser que se trate de un libro de estudio, no tiene una finalidad explícita y unívoca. Cada lector tendrá su propia lectura, porque su interior es distinto al de todos los demás.
Tener una clara finalidad educativa al ofrecer un cuento o un álbum ilustrado es dejar de reconocer al unicidad de cada persona, esperarse que un niño o una niña piense, sienta y actúe en una sola manera posible y correcta.
Entonces más que recurrir al libro como herramienta pedagógica, lo estaríamos utilizando como herramienta de manipulación.

Del álbum Koinoboori – cree en ti
Un paso atrás
Siempre digo que lo que tiene que hacer un adulto que acompaña es dar un paso atrás y observar. Mirar y dejar el espacio necesario a niños y niñas para poder ser, encontrar su propio camino con respecto a lo que ven. Eso no significa dejarlos solos, hay límites y es importante y necesarios que esos límites existan. Pero no alrededor de su sentir, sino en todo lo que es. Los límites sirven para marcar la realidad de la que hay que tener en cuenta para poder estar en el mundo. La literatura no es otra cosa que un marco de límites en el que ejercitar el sentir. Un banco de prueba donde jugar en seguridad con el fuego.
La respuesta final es que TODA historia es pedagógica en sí. Y lo es mientras sea auténtica, no mientras se preocupe de que mi respuesta a su estímulo sea unívoco, perfecto y correcto. Así que es pedagógica pero libre de manipulación. No podemos saber con antelación qué nos va a enseñar y estamos preparados para aceptar lo que venga.
Libro para o libros sobre
Una aclaración importante. ¡La preposición lo cambia todo! Lo que veo no respetuoso no es que se trate un tema más que otro, o que alguien quiera buscar un cuento en el que se hable de una determinada temática. Eso me parece recomendable si queremos considerar un momento de lectura compartida como el comienzo de una reflexión conjunta. A través de una lectura se generan debates importantes y querer generarlo como adult@s me parece admirable y recomendable. Así que si quieres pedirme una recomendación sobre… estaré encantada de ayudarte :)
¿Leer es evadir?
También me cuestionaba si un cuento es evasión. Veamos si lo es o no.
Si hablamos de evasión tenemos que ver realmente en qué sentido lo hacemos. Evasión en el sentido de evadir mi realidad: si la vemos así entonces claro, por supuesto. Porque al leer entramos en otro mundo, en otra realidad que puede tener hasta sus propias reglas y las aceptamos porque están todas organizadas en coherencia en su historia. Y así no nos costará aceptar que una mosca barra de su piso las motas de polvo con una escoba.

Del álbum ilustrado Saltamontes va de viaje
Pero a menudo se usa el término evasión para indicar algo que no nos hace crecer, ni profundizar, algo fin a si mismo. Y no, aunque no leamos literatura declaradamente profunda y filosófica, cualquier historia pondrá en marcha nuestro proceso de mímesis y sin querer estaremos evaluando posibilidades, analizando nuestra vida, nuestras relaciones, las decisiones que tenemos que tomar, lo que nos preocupa y lo que nos hace feliz. Todo sin darnos cuenta. Pero el hecho de que no lo veamos a nivel consciente no significa que no esté pasando.
Así que volviendo a la pregunta inicial creo que el resumen de mi respuesta es este:
Evasión y aprendizaje
Primero: toda historia es una evasión de la realidad que abre una puerta a nuestro interior y nos brinda un aprendizaje propio que nadie puede guiar, obligar y ni siquiera conocer. ¡Ni la misma persona que se atreve a abrir un libro sabe en qué berenjenal se va a meter! Pero se atreve. Ese atrevimiento le brinda un aprendizaje, un cambio. Y eso acontece en el momento en el que evade de su realidad para entrar en la realidad alternativa que le ofrece el libro. Al regresar a la realidad vuelve cambiado, vuelve con una experiencia que le permitirá reconsiderar la realidad como nunca había hecho.
Dónde viven los monstruos de Maurice Sendak es un álbum ilustrado que define perfectamente este movimiento. Si no lo conocéis, os invito a que lo hagáis. Y no, no necesitáis la excusa de que es para los peques. Ese álbum deja marca a cualquier edad.

Del álbum ilustrado Donde viven los monstruos
Mi conclusión es que de etiquetas vamos sobrados y reducir un álbum ilustrado a ser “solo” una herramienta pedagógica o de evasión es restarle mucho, muchísimo.
Leer un libro es una experiencia vital. Y todo lo que vivimos nos enseña algo. Y leer es vivir a través.

